viernes, 4 de marzo de 2011

Ochenta y siete días

Y ahora que te has marchado me invento los domingos. Eso dice una de mis canciones favoritas. Una de las canciones más tristes que se escribirán nunca.
Hoy hace exactamente ochenta y siete días que te marchaste. Ochenta y siete largos días. Y es que el tiempo es así de caprichoso. Lo mismo las agujas siguen un ritmo frenético como que da la sensación de no girar.
La tristeza es uno de los sentimientos más extraños. Puedes levantarte un día pensando que ya ha pasado lo peor, que a partir de entonces sólo pueden haber sonrisas y de repente, por cualquier tontería, todo vuelve a derrumbarse de nuevo. Por cualquier tontería que te devuelve con intereses todos los problemas que creías superados. Como en el parchís, que te comes una y cuentas veinte. Lo mismo. A una lágrima siempre la acompañan otras diecinueve.
He aprendido a odiar los domingos, sobre todo los domingos de invierno. Debe ser que mi inventiva se ha marchado de vacaciones y soy incapaz de tejer ninguna historia en la que no aparezcas tú.
Te echo de menos.
Ochenta y siete días. Ochenta y siete días ya. Y todavía espero que un día me llames y me digas que tú también me echas de menos, que vas a volver.
Larga es la espera de algo que sabes que nunca va a suceder. Alguien me dijo que el amor asfixia y si eso es verdad no hay nadie que pueda sobrevivir a él.
Entonces, ¿dónde están los finales felices de los que hablaban los cuentos de hadas? Me siento estafado. Que me devuelvan el dinero. Que me devuelvan mi felicidad. Que me devuelvan mi vida.
¿Te dije alguna vez que los cigarros sabían diferente después de besarte? Qué tontería, ¿no? ¿Se puede echar de menos un sabor, un olor, tu olor?
A veces me pasa que voy por la calle y alguien lleva tu colonia y entonces cierro los ojos y me pongo super melancólico y te echo más de menos si es que eso se puede.
Me acuerdo del día que me regalaste el cubo de Rubik.  Dijiste algo así como que nuestra relación era tan compleja como él. Puede que por eso tardara tanto en mezclar sus colores, en desmontarlo. Lo hice el día que te marchaste y me prometí a mí mismo que el día que consiguiera montarlo significaría que por fin te habría olvidado.
Ahora te doy la razón. Nuestra relación es tan fascinante como este cubo pero una vez desmontado ya nadie puede volver a montarlo. Y cada vez que te lo encuentras detrás de algún libro viejo o debajo de cualquier cojín intentas una vez más solucionarlo. Le das vueltas e intentas encontrarle la lógica pero no lo consigues.
Los domingos son una prueba de fuego. Es el único día de la semana que me levanto totalmente deprimido y cualquier excusa me parece buena para llamarte, incluso para presentarme en la puerta de tu casa. Coger mi bici, pedalear todo lo rápido que pueda y llamar a tu puerta. Pero no lo hago, claro. Sabes de sobra que no sé ir en bicicleta.
Ochenta y siete días.
Y todavía no entiendo porqué los cuento.
No sé me ocurre nada más triste que pensar que un día me levante y lo primero que piense sea << hoy hace exactamente mil cuatrocientos quince días que te marchaste >>. Debería dejar de hacerlo. Seguramente tú ya no piensas en mí. Seguramente no me echas de menos. Seguramente sonrías todo el tiempo. Seguramente…
Yo no lloro.
Yo no lloro.
YO NO LLORO.
Que ya sé que he malgastado mucho tiempo pensando en ti. Que ya son ochenta y siete días y pasaran otros ochenta y siete más. Que me voy a seguir acordando de ti todos los domingos por la mañana. Que mi final feliz sólo puede ser contigo. Que te estoy esperando. Que vengas.

lunes, 28 de febrero de 2011

Nada es para siempre.

          A veces nos vemos obligados a callar la boca & tragarnos nuestras palabras por no herir a nadie,
pero acabas haciendote daño a ti misma.A veces temes perder a la persona que creias que iba a ser
para siempre algo tuyo & esque ya me quedó claro que NADA ES PARA SIEMPRE,que las personas abanzan,se van y vuelven cuando les parecen,pero yo siento que vivo siempre en el mismo tiempo,que no abanzo ni retrocedo & que me gustaria que todo el mundo tuviera mis pensamientos.También me quedó claro que cuando das algo tienes que darlo sin esperar nada a cambio aunque te parezca de buen ver & fuera lo correcto recibir también en señal de las gracias.
y no sé para qué escribo esto,quizá para esplayarme & quedarme satisfecha,para sacar las palabras que no le podria decir a nadie porque siento que no me entenderían.

viernes, 25 de febrero de 2011

Dicen

Dicen que al mal tiempo buena cara, que después de la tormenta siempre llega la calma, pero que al fin y al cabo las cosas nunca cambian. Que todo lo que sube baja, pero que agua que pasa no mueve molinos. También dicen que todo el mundo merece una segunda oportunidad, pero que segundas partes nunca fueron buenas; que quien tiene boca se equivoca y que rectificar es de sabios. Que querer es poder y hace más quien quiere que quien puede, pero que quien todo lo quiere todo lo pierde, además que de donde no hay no se puede sacar. Que quien no arriesga no gana, que quien la sigue la consigue. Que no por mucho madrugar amanece más temprano, pero que a quien madruga Dios le ayuda. Que si te pica te rascas, que todo lo que escuece cura. Que no hay mayor ciego que el que no quiere ver, que a palabras necias oidos sordos pero que a buen entendedor pocas palabras bastan. Que la confianza da asco. Y que quien no corre vuela, que ya se sabe que las apariencias engañan y que por supuesto que no es oro todo lo que reluce. Y mira que quieres que te diga si quien avisa no es traidor, que si te he visto no me acuerdo, y que a rey muerto rey puesto. Que más vale solo que mal acompañado.

miércoles, 5 de enero de 2011

Que si, que muy bien.

Correr por el camino dónde quedaron las huellas siempre se vuelve una tentación.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

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Pues que quieres que te diga, yo tampoco entiendo esto, es el puto destino de la vida. Hay cosas que te hacen sentir bien y otros que va todo al revés y te sientes como una mierda. A mi tambien me gustaria vivir de puta madre, pero estas unos dias bien y parece que tenga que pasar una tormenta por ti, hay que vivir con ello; y sí! es una gran mierda! Pero aun y así nunca bajare la cabeza, porque se que despues de todo siempre queda algo bueno por venir.

Quieres quitarme la vida, a mi atrevida(8)

Sé cabezota. Píntate la cara hasta que todos piensen que eres hortera. Bebe hasta que no puedas acumular más liquido en tu vejiga. Emborráchate. Mánchate la cara de chocolate, y cómetelo. Baila hasta que te duelan los pies. Canta aunque no sepas hacerlo. Habla por teléfono hasta que tu madre te diga que llevas 2 horas. Juega.Falta a clase. Escucha rock a tope, hasta que te quedes sordo. Cáete de un escalón. Canta en Inglés delante de 20 guiris. Mira fijamente a esa tía que de una bofetada te puede matar. Enamórate. Dile a tu novio lo guapo que es su mejor amigo. Duerme solo para soñar, no para descansar. Métete en su cama, inesperadamente. Ódiale. Quiérele. Comete tantos mares como lunares tienes en el cuerpo. Miente, porque por cada verdad hay una mentira. Cómprate la ropa 3 tallas más grandes, es más cómoda. Ve mil veces "Un paseo para recordar" solo porque te trae buenos recuerdos. Rompe la dieta. Léete un libro en holandés solo porque su portada transmite algo. Viaja a ese lugar que nunca pensaste que existiría.

Pues eso.

A veces, la mejor manera de querer, es irse. A veces lo mejor que uno puede hacer por la otra persona es no estar. Irse es siempre una decisión, no es algo que pasa porque sí. Es de alguna manera, preservar lo querido. Cuidarlo, protegerlo. Guardarse una, y esconderse en una caja donde se elige estar. Callarse y otorgar todo. Que todo pueda ser en su imaginación, también lo más horrible. Irse para no estar ni siquiera en sueños. Acomodar el equipaje para no dejar nada librado al azar. Sin dejar huellas. Como si nunca se hubiera estado. Con el tiempo aprendes que lo único que te queda o lo que quieres que quede de ti, es tu imagen, la imagen de lo que fuiste, hasta eso das. Regalas tu recuerdo. Es preferible que piense que igual no valía la pena, ni era para tanto, que seguramente lo olvidé y seguí con mi vida. Esconder bien adentro las ganas de decirle, de pedirle que venga, que se escape para hacerme el amor, para acariciarme el pelo, para recordarme que es real y de que existe. Ocupar intencionadamente todas las horas del día. Poner a prueba la templanza, viendo con ojos de vieja sabia, para saber que ya pasó el tiempo de la inconciencia. Porque es la distancia, los años, los lugares de donde venimos y a los que vamos los que nos separan. Y nadie vive eternamente en el presente. O quizás si, el presente es lo único real que tenemos, la verdadera vida. Irse se convierte entonces, en un plan torpemente concebido para matar los adioses sin desangrarse en palabras..